|
Tienen
un millón de años de antigüedad,
pero algunos de ellos parecen estar inexorablemente
destinados a desaparecer.
VIDA RECIENTE DE LOS GLACIARES:
de 1.200 a 1.300: "siglo medieval helado"
de 1.300 a 1.600: retroceso general de los glaciares
de 1.600 a 1.850: "pequeña edad
helada" de 1.930 a 1.970: retroceso lento,
y más tarde, rápido en la actualidad,
parece que el proceso se ha invertido El glaciar
avanza sin cesar a medida que los bloques de
hielo en equilibrio, situados en la zona baja,
se desprenden poco a poco, tanto de día
como de noche, en invierno y en verano. Por
tanto estos desprendimientos de séracs,
que tanto peligro representan para los alpinistas
que recorren ciertas zonas del glaciar, no se
deben sólo a las variaciones de las temperaturas,
por lo que resultan completamente imprevisibles.
Clasificación de los glaciares:
Glaciares de valle: son los que presentan unas
características más marcadas.
Se componen de una cuenca de recepción
(circo) y una lengua glacial que discurre a
lo largo del valle. A esta categoría
pertenecen los numerosos glaciares de los Alpes
y el Himalaya (mer de Glace en Francia, glaciar
de Alesh en Suiza, glaciar del Lhotse en Nepal)
Glaciares de bonete: ocupan las cimas poco accidentadas
cubriéndolas con una capa de hielo abombado
(glaciar Vatna-Joküll en Islandia, glaciar
del Monte Rainer en Estados Unidos) Glaciares
de circo: también llamados glaciares
en suspensión, se componen únicamente
del circo de alimentación. Inlandsis:
vastas cúpulas de las regiones polares.
Los
glaciares han constituido durante mucho tiempo
lugares malditos y temidos. Con sus superficies
traicioneras y amenazantes, aparecían
como sempiternas fuentes de peligros para los
habitantes de los valles limítrofes.
No fue hasta el Siglo de las Luces que se empezó
a investigar sus orígenes, causas y desarrollo.
En la actualidad, los glaciares se alzan como
fenomenales laboratorios naturales para cientos
de investigadores y glaciólogos.
El crecimiento o retroceso de un glaciar depende
del equilibrio entre la cantidad de nieve caída
y la que se funde, es decir, la cantidad de
nieve que se asienta en la cuenca de alimentación
por un lado, y la cantidad de hielo que se funde
o desplaza lejos de la zona de fusión
por otro. Si la temperatura media baja considerablemente,
el glaciar aumentará, pero si por el
contrario la temperatura sube el glaciar retrocede
llegando incluso a desaparecer si no es alimentado
durante mucho tiempo. Hoy en día, y en
algunos puntos de la Tierra, ese equilibrio
se ha roto.
El glaciar se alimenta tanto de las avalanchas
que descienden por las paredes del circo, como
del hielo y las lluvias esporádicas,
mientras que la fuerzas de fusión actúan
paralelamente: desprendimiento de bloques de
hielo que son arrastrados por el torrente subglacial,
fusión del hielo...procesos que sucederán
mucho más rápido cuanto mayor
sea la temperatura.
Ante la cuestión de porqué los
glaciares alpinos están sufriendo un
vertiginoso retroceso, la tendencia general
hasta la fecha ha sido culpar al calentamiento
global que sufre la Tierra causado por la emanación
de gases contaminantes. Pero los científicos,
prudentes, afirman que este retroceso entra
dentro del orden de los cambios provocados por
la naturaleza. Según el investigador
francés M. Reynaud, los glaciares alpinos
sufrieron, durante los años 20 y 40,
hasta tres fuertes regresiones, antes de volver
a aumentar de nuevo a principios de los años
80.
DIFERENTES
SITUACIONES EN DIFERENTES PARTES DEL MUNDO
El último periodo de grandes glaciaciones
se remonta a la era cuaternaria, hace algo menos
de un millón de años -tan sólo
un lapsus de tiempo si hablamos de historia
geológica- . Afectó a Europa,
Asia y América, y alternó periodos
de glaciación mínima o inexistente,
comparables con lo que nos encontramos en la
actualidad.
Mientras que los glaciares de los Alpes retroceden,
en sus vecinos escandinavos se puede apreciar
un creciente aumento. Los glaciares bolivianos,
colombianos, ecuatorianos o peruanos están
en retroceso, mientras que otros glaciares del
continente americano, aumentan.
Glaciar de Sarennes, (Ìseres, Francia)
Atravesando el mar de nubes se eleva el teleférico
sobre las cumbres inmaculadas del macizo de
Grandes-Rousses. Los esquiadores que comienzan
el descenso por la pista negra de la estación
de Alpe-H´uez, disfrutando de la gran
cantidad de nieve recién caída
no pueden ni imaginarse que, bajo sus tablas,
el glaciar se está derritiendo inexorablemente.
El glaciar de Sarennes, reliquia de la última
extensión glaciar sucedida entre los
años 1550 y 1820 -los historiadores la
llaman "la pequeña edad de hielo"
- ocupa un circo en forma de concha marina que
se extiende entre los 2.800 y los 3.200 metros
de altitud. Para los científicos, representa
un magnífico terreno de estudio, ya que
, situado en latitud de 45º, representa
perfectamente las variaciones en las formaciones
glaciares provocadas por los cambios de temperatura.
Por su especial situación en el macizo,
su nivel aumenta los meses de invierno, debido
a las precipitaciones de nieve y disminuye en
verano, con el deshielo.
Este lugar especial ha sido estudiado cada verano
por numerosas generaciones de glaciólogos:
ya en 1891 el príncipe Roland Bonaparte,
sobrino de Napoleón III y -naturalista
a ratos- observó cómo el frente
glaciar cambiaba con cada estación.
En 1905 y 1906 fue objeto de estudio entre jóvenes
universitarios de Grenoble, y, tras la Segunda
Guerra Mundial, la Administración de
Aguas y Bosques efectuaba controles de medición
anuales -datos valiosísimos en la actualidad-
del glaciar. Transformado en laboratorio natural,
ha sido estudiado en todas las estaciones y
periodos posibles; además, un telenivómetro,
una estación meteorológica y una
cabaña-laboratorio completan el "instrumental"
que se puede encontrar en la montaña.
Los resultados de estas investigaciones son
inapelables: desde principios de siglo, el glaciar
se ha ido reduciendo a la mitad, perdiendo hasta
un 80 % de su volumen, "de seguir así,
en treinta años no quedará ni
rastro" concluyen los científicos.
De esas mismas investigaciones se desprenden
datos como que, cada quince años, la
regresión se acentúa, y es que
los glaciares tienen una dinámica interior,
una especie de "vida interna" que
está en función de la nieve caída,
de la que se funde y de la temperatura.
LA
AMENAZA DEL DESHIELO
El retroceso de los glaciares alpinos se ha
convertido en una potencial amenaza no sólo
para la industria turística invernal,
la producción hidroeléctrica o
para los recursos de agua potable en ciertos
valles. Además, aumenta considerablemente
los riesgos asociados a los movimientos de sus
enormes masas -hasta una centena de catástrofes
se han registrado en el transcurso de los dos
últimos siglos-. Los accidentes más
frecuentes han sido debidos a los desprendimientos
de seracs -enormes trozos de hielo glaciar desprendido-
o a las rupturas de la lengua glaciar, como
aquella que, en 1965, provocó 88 muertos
en un complejo turístico de montaña
en Matmark, Suiza, enterrados bajo un millón
de metros cúbicos de hielo. El "vaciado"
de un lago glaciar puede ser igualmente mortífero,
como el ocurrido en la localidad suiza de Gietro
que, en 1818, ocasionó más de
50 víctimas. Otra de las catástrofes
naturales relacionadas con el movimiento glaciar
son las provocadas por las bolsas de agua que
se forman sobre el hielo y lo agrietan brutalmente:
en 1892, en el valle de Saint-Gervais, 200 personas
murieron aplastados bajo 200.000 metros cúbicos
de materiales procedentes del glaciar de Tête
-Rousse.
|